No vendas lo que sabes hacer: encuentra primero el problema que puedes resolver

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Crear un servicio a partir de tu experiencia profesional puede parecer sencillo, pero muchas personas cometen un error bastante común: comenzar pensando en qué pueden ofrecer.

“Sé hacer gestión de proyectos.”

“Sé hacer informes.”

“Sé organizar equipos.”

“Sé hacer análisis.”

“Sé utilizar inteligencia artificial.”

Todas esas capacidades pueden ser valiosas, pero por sí solas no constituyen necesariamente una oferta que alguien quiera comprar.

La pregunta más importante es otra:

¿Qué problema puedo ayudar a resolver con lo que sé hacer?

Ese cambio de perspectiva fue uno de los pasos importantes en la construcción de GEMA Projects y es también uno de los temas que desarrollo en mi libro “La libertad de tu experiencia”.

La diferencia entre una habilidad y un servicio

Durante años podemos acumular conocimientos sin darnos cuenta de que esos conocimientos tienen un valor comercial.

Aprendemos a gestionar proyectos, elaborar presupuestos, ordenar información, preparar documentos, coordinar personas o solucionar problemas administrativos.

Con el tiempo, muchas de esas actividades se vuelven tan habituales que dejamos de considerarlas algo especial.

Pero existe una diferencia importante entre:

“Sé hacer esto”

y

“Puedo ayudarte a resolver este problema utilizando esta experiencia”.

La segunda frase comienza a parecerse mucho más a un servicio.

Por ejemplo, una persona puede decir:

“Tengo experiencia en gestión de proyectos.”

Eso describe una trayectoria profesional.

Pero también podría decir:

“Ayudo a pequeñas organizaciones a ordenar sus proyectos, definir responsables, establecer hitos y realizar seguimiento de avances.”

Ahora existe un problema identificable y una posible solución.

La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la forma de presentar nuestro conocimiento.

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El problema no siempre está donde pensamos

Otra dificultad aparece cuando intentamos identificar qué problema resolver.

Muchas veces pensamos desde nuestra propia perspectiva.

Nos preguntamos:

“¿Qué servicio podría vender?”

En lugar de preguntarnos:

“¿Qué dificultad tiene una persona u organización que yo podría ayudar a solucionar?”

Este cambio obliga a mirar hacia afuera.

¿Qué tareas están retrasadas?

¿Qué información está desordenada?

¿Qué procesos dependen demasiado de una sola persona?

¿Qué documentos nadie tiene tiempo de preparar?

¿Qué proyecto necesita seguimiento?

¿Qué decisión se está tomando sin información suficiente?

¿Qué actividad consume horas que podrían utilizarse en otra cosa?

Ahí comienzan a aparecer oportunidades.

No necesariamente grandes oportunidades de negocio. A veces simplemente aparece un pequeño problema por el que alguien estaría dispuesto a pagar para no tener que resolverlo solo.

Mi primer servicio tampoco comenzó como una gran empresa

GEMA Projects no nació con una estructura empresarial completa ni con una larga lista de servicios.

Comenzó mucho más pequeño.

Primero fue necesario identificar una necesidad, ordenar mi experiencia y convertirla en una propuesta que pudiera ser entendida por otra persona.

Después vino algo todavía más importante:

comprobar si alguien realmente estaba dispuesto a pagar por ella.

La primera venta fue de USD 200.

Ese monto no transformó mi situación económica de un día para otro.

Pero sí cambió algo fundamental.

Hasta ese momento existía una posibilidad.

Después de la venta existía una evidencia.

Alguien había considerado que ese conocimiento tenía suficiente valor como para entregar dinero a cambio de utilizarlo.

La validación vale más que la perfección

Uno de los errores que puede aparecer cuando intentamos crear un servicio basado en nuestra experiencia es dedicar demasiado tiempo a construirlo antes de comprobar si existe interés.

Podemos pasar semanas diseñando una metodología.

Crear una página web.

Preparar documentos.

Diseñar una presentación.

Crear un logo.

Definir diez servicios diferentes.

Y todavía no haber conseguido un solo cliente.

Por eso, una de las ideas que quiero desarrollar a través de este proyecto es bastante simple:

Primero valida. Después perfecciona.

No significa entregar un trabajo de mala calidad.

Significa evitar construir una solución enorme para un problema que todavía no sabemos si alguien quiere resolver.

Una primera versión puede ser mucho más sencilla.

Una conversación.

Una asesoría.

Un diagnóstico.

Una revisión.

Un informe.

Una pequeña intervención.

Lo importante es comenzar a obtener información real del mercado.

La inteligencia artificial también cambió este proceso

En este camino, la inteligencia artificial se convirtió en una herramienta especialmente útil.

No porque pueda reemplazar la experiencia profesional, sino porque permite acelerar algunas etapas del proceso.

Puede ayudar a:

  • ordenar ideas;
  • analizar problemas;
  • estructurar una propuesta;
  • investigar alternativas;
  • preparar documentos;
  • detectar preguntas que todavía no hemos respondido;
  • convertir conocimientos dispersos en una metodología más clara.

Pero existe una diferencia que considero fundamental:

la herramienta puede ayudar a construir la solución, pero la experiencia sigue siendo nuestra.

La IA puede ayudarnos a ordenar lo que sabemos.

No puede inventar por nosotros los años de experiencia que hemos acumulado.

Quizás tu primer producto ya está escondido en tu experiencia

Esta es una de las ideas que más me interesa explorar en “La libertad de tu experiencia”.

Muchas personas creen que para comenzar un negocio necesitan primero aprender algo completamente nuevo.

A veces sí.

Pero otras veces el punto de partida está mucho más cerca.

Puede estar en ese trabajo que hemos realizado durante años.

En ese problema que sabemos solucionar rápidamente.

En esa tarea que nuestros compañeros siempre nos preguntan cómo hacer.

En ese proceso que conocemos mejor que otras personas.

En esa experiencia que nunca consideramos suficientemente valiosa porque para nosotros ya se volvió cotidiana.

Quizás ahí exista un servicio.

El desafío consiste en encontrarlo, convertirlo en una propuesta concreta y comprobar si alguien está dispuesto a pagar por él.

Eso fue lo que comenzó a ocurrir con GEMA Projects.

Y esta historia recién estaba comenzando.

Una pregunta para comenzar

Si mañana tuvieras que cobrar por resolver un solo problema utilizando tu experiencia profesional, ¿cuál sería?

No pienses todavía en el nombre del servicio, el logo, la página web ni cuánto cobrarías.

Empieza por el problema.

¿Qué problema sabes resolver que para otra persona podría ser difícil, lento o costoso solucionar por sí misma?

Esa pregunta puede ser un mejor punto de partida que buscar una idea de negocio completamente nueva.

Y quizás, como ocurrió conmigo, la respuesta ya esté en algo que llevas años haciendo.

Esta entrada forma parte del proceso de construcción de GEMA Projects y de las ideas que estoy desarrollando en mi libro “La libertad de tu experiencia”.

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